«Dios mío, ¿por qué te quedas tan lejos?, ¿por qué te escondes de mí cuando más te necesito?» – Salmos 10:1 (TLA)

Siempre cuando estamos pasando por una situación difícil es común pensar en que Dios está lejos, que Dios se olvidó de nosotros cuando más lo necesitamos.

Nuestra ciudad había estado bajo presión por ataques de grupos armados y eso traía una atmósfera de incertidumbre y temor. Hace poco hubo un enfrentamiento entre policías y otras personas cerca del lugar donde se encuentra nuestra iglesia; Estas personas estaban huyendo y como la iglesia estaba abierta, pudieron entrar e intentaron esconderse en el edificio. El problema con todo esto es que en el edificio de la iglesia aun había personas, entre ellas estaba yo.

Por desgracia las cosas no salieron tan bien y hubo disparos dentro, las personas que estaban huyendo murieron, por fortuna, nosotros nos encontrábamos resguardados en otro lugar del edificio. Los disparos sonaban tan fuerte como si alguien aventara una piedra enorme desde un lugar alto al concreto, al saber que entraron en la iglesia y al escuchar los disparos yo me llené de miedo. En ese momento yo sentía que Dios no estaba conmigo y que en medio de la situación estaba totalmente desprotegido, que en cualquier momento una persona iba a llegar al lugar en el que estábamos o peor aun, que una bala podría alcanzarme y hacerme daño. Sentí que Dios no estaba haciendo nada para cuidarnos.

Cuando todo pasó y las autoridades lograron sacarnos del lugar pude ver que Dios sí estuvo conmigo todo el tiempo y que, aunque no pareciera, me protegió en cada momento.

Muchas veces nuestra vista se nubla por las cosas que están pasando, el corazón se llena de miedo y se turba nuestro espíritu, pero aunque como el rey David lo escribió en los salmos, sentimos que Dios se aleja, tenemos que entender que él siempre nos cuida, que nada se escapa de sus manos y que al final del día el siempre tiene cuidado.

Yo conocí a través de esta situación un Dios protector que siempre está ahí y aprendí a no tener miedo de las cosas que quieren robar mi paz. También pude conocer al Dios consolador; Es tan fácil perder la paz cuando cosas así pasan pero ese mismo día yo sentí una paz tan grande que sé que fue Dios quien vino a consolar y traer paz.

Nuestra iglesia ya tomó medidas de seguridad para que algo así no vuelva a suceder, pero también es bueno saber que nuestra confianza esta puesta en un Dios que siempre tiene cuidado de nosotros.

Diego Esparza, Estudiante de Diplomado en Estudios Bíblicos.